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RINCÓN LITERARIO.          

Este es el espacio que dedicamos a aquellos que piensan que leer mola y que escribir, posiblemente, mola mucho m´ás.

"INTERLUDIO

Hay un país, un mundo, en algún lugar.

Hay gentes que dicen que es un mundo plano con una sola cara. Otros que es nuestro propio hogar hace algunos miles de años.

Las cosas allí son diferentes. Todo se parece mucho a esto, pero es algo distinto.

Se nombres, lugares y fechas. Tengo un mapa, un esbozo de historia, quizá algunos dibujos perdidos, algo guardado en el ordenador.

La desesperanza me invade, como un fuego en el pecho. Un fuego que pesa.

 

No se por dónde empezar. El día sigue a la noche y la noche sigue al día y de esta forma han transcurrido los siglos. Poco a poco las montañas se erosionan; y su polvo se aglomera formando la roca de otras montañas. El agua gira desde la primera lluvia en una noria que la lleva desde el interior de la tierra a las lágrimas, y de allí al corazón de las tormentas y hasta el fondo del mar.

Las tallas en la piedra se desgastan.

Los escritos se desvanecen.

La memoria olvida, confunde, inventa.

 

Hay hombres sabios que leen las huellas del pasado en el efímero presente. ¿Quién puede explicar a un dios con sólo unas pinturas?

 

Yo no se cómo empezar.

 

Lo primero que recuerdo es el agua gris, fría, alzada en el horizonte, rugiendo hacia la costa como un inmenso muro vertical de espuma y muerte.

Recuerdo que la gente corría y rezaba a los dioses.

El sol estaba en el cielo, como todos los días. Las gaviotas lanzaban sus gritos lastimeros en un aire azul, fresco. Había pescadores y comerciantes. Había mujeres y un mercado donde los hombres charlaban y se conocían, vendían sus mercancías de mundos lejanos, compraban a veces incluso lo que no necesitaban. Había edificios de piedra rosada y blanca, decorados con espirales y delfines.

Luego, la estrella apareció junto al sol, el calor se hizo intenso y una montaña incandescente se precipitó desde los cielos, mucho más allá del horizonte rosado. Desde allí, hasta la playa, llegaron las olas y el viento. Y todo desapareció con un rugido.

 

Debió de transcurrir el tiempo (pero no me preguntes hacia dónde)

Un día, en el Norte Profundo, envuelto en selvas y hielo, apareció la Reina. Los sacerdotes y los brujos comenzaron a repetir un nombre: Karibor.

Evocaban mitos y leyendas viejos como la arena, viajes que duraban años, territorios de los que apenas se conocía el nombre. En el lejano Norte, el mundo parecía despertar de una larga noche llena de prodigios. Mis hijos, y los hijos de mis hijos, y los nietos de éstos y los que les sucederán en la larga cadena que llega hasta el AHORA (también los tuyos) recuerdan esa época extraña en sus sueños.

¿Nunca te has preguntado qué sueña un recién nacido? ¿Nunca has divagado sobre qué cosas llenan la memoria de los hombres hasta que sus propias vidas las surten de recuerdos?

Yo también he recordado aquellos años nebulosos y aún puedo ver, manchadas de tiempo, imágenes de Bolzadura la gloriosa y de Nîn-Aeth, la ciudad del cielo erguida hasta las estrellas en la noche azul.

Puedo oir los ecos de voces extintas y el crujir de las páginas amarillas y secas de los libros de la biblioteca de Moost.

Moor-Phy, el caos primigenio, lento y constante, destruye poco a poco el Universo. Las cosas siguen senderos torcidos y se desmoronan como naipes en polvo de polvo sin sentido. En ese discurrir desordenado en ocasiones se ven destellos de un esquema, de una historia que también se borra. Nuestra historia es otro esquema. Un resto casual de orden. Y ese azar produjo un mundo diferente, donde el mundo era plano como una mesa y solo tenía un lado (nadie lo comprobó jamás, pero los sabios aseguraban que, si uno era lo bastante osado como para asomarse al borde, solo contemplaría el vacío del espacio cuajado de estrellas). Un mundo donde los mares desaguaban en el cielo en una cascada inverosímil, anunciada por un faro en una isla, la Última Isla, que los propios dioses edificaron para alertar a los navegantes incautos.

 

Si es verdad que estas cosas sucedieron (y no tienen por qué ser menos ciertas que otras que he oído por ahí) Bolzadura la grande era la capital de un imperio que unía los dos mares del mundo (el mar de las sombras y el de la tranquilidad. Había surgido, lento y cauteloso, en las costas de un mar interior creado por la montaña caída del cielo años atrás. Parece imposible, pero alguien sobrevivió.

 

Es como un mal destino, una antigua maldición, algo enfermizo, una obsesión gira en la cabeza, un anhelo como un puño oprime el corazón. Y las manos escriben.

A veces, después, uno queda aliviado, exhausto, feliz: lo que pugnaba por nacer está vivo. Ya no es nuestro.

Otras veces, las más (este es mi caso) te quedas sofocado, blue y con dolor de huevos. (Cuando estabas a puntito la dama dijo que no) Y lo escrito es un manchón perlado en una mano. La certeza de lo inútil.

Escribir, decía Stephen King es puro sexo. Y tiene más de paja que de polvo (esto NO lo dijo King, pero es la idea). Se escribe en solitario, para uno mismo, con el secreto temor (y el deseo) de que alguien nos descubra y nos diga de una vez si nuestros hijos son niños de verdad o son jirones (pañuelos de papel bajo la cama)"

 

(Para Marta, mientras crece. 1994)


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